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jueves, 3 de abril de 2025

Tío Juan.

 

A mi tío Juan.


Huerto. Foto: Libre en internet.

No era mi tío.

Pero yo lo había adoptado como tío.

Me dirás ¿no será al revés, que él te había adoptado como sobrino?

No, digo bien. Lo adopté como tío.

Siempre he admirado a las personas capaces de mantener un huerto.

Porque yo lo intenté y a duras penas lo conseguí. Exige perseverancia, trabajo y conocimientos.

Hay pocas personas hoy, que sin ser vital para su vida porque ya la tienen resuelta, tengan esas virtudes necesarias para mantener un huerto.

Pero además era un hombre animoso, siempre sonriente y fiel.

En fin, una buena persona sonriente.

Hay muchas buenas personas, pero sonrientes, menos.

Son virtudes que también admiro y que no consigo alcanzar, porque soy un cascarrabias gruñón: El presidente de la federación donde estaba apuntado para bucear, me llamaba; el hombre serio.

Ni tan siquiera sé si soy una buena persona, pero desde luego no soy sonriente. Ahora menos.

Por eso lo adopté como tío. Porque me atraían sus virtudes y valores.

No había motivo para que él hubiera sentido interés para adoptarme como sobrino.

Pero no desespero. La muerte nos allana a todos y cuando llegue el momento, podré mirarlo de tú a tú, aunque en vida haya habido tanta diferencia.

Hasta pronto tío Juan.



miércoles, 2 de abril de 2025

Tartaruga. Mi casa.

Tartaruga: Salida a varadero.

Tartaruga: Aleta de babor.

Tartaruga: Popa.
Tartaruga: Proa. Foto: Angélica Regidor.


Tartaruga: Interior camarote: Cubierta.

Esta fue mi casa durante un tiempo que aspiraba a que fuera más, olvidando que cuando uno es víctima de sus circunstancias, no controla su vida. Y acabé vendiendo mi casa y mi vida. Las dos las liquidé a precio de saldo y sin alternativa plan de contingencia. Es decir, quemé las naves.

 Pero eso lo podían hacer Alejandro Magno o Hernán Cortés, que eran gente de valía, no un mindundi como yo, que en esta vida no ha conquistado más que el fracaso o el éxito pírrico de proyectos culturales sin ningún interés para mis contemporáneos.

 Nunca debí dejar la autonomía de la vela y pasarme al motor.

 Pero entendí que una embarcación a motor era de más fácil manejo para una tripulación inexperta, por lo que en caso de emergencia o de causa mayor, no sería necesaria mi presencia. Eso me animó a dar el paso.

 Me equivoqué, pues la tripulación no solo era inexperta, sino desganada e incluso hostil, de manera, que igual final habría tenido quedándome en la vela y me hubiera ahorrado un sinfín de dinero, de quebraderos de cabeza, de disgustos y hoy probablemente seguiría embarcado.

Mi idea al elegir esa embarcación, era recorrer con la familia el Mediterráneo occidental que conocía de navegar a vela, a motor, accediendo a rincones que me quedaron pendientes, pues husmear la costa a vela es demasiado entretenido, pero hacerlo con una embarcación que alcanza los 40 nudos frente a los cinco de una embarcación a vela, es factible y divertido.

 También pensé en los canales de Francia, pero enseguida vi que mi circunstancia hacía eso imposible, aunque la embarcación lo permitía, pues era completamente autónoma y autosuficiente, salvo en el combustible, pero con 400 litros de capacidad en el depósito, daba para mucho más de lo que me planteaba en mi singladura más ambiciosa.

 Pero como estos recuerdos son dolorosos para mí, pues son el principio de la evidencia del fin de mi relación con el mar, no me regodearé en ello y dedicaré la entrada, añadiendo flashes, a la que fue mi casa, que recuerdo desde la celda, en el inicio de mi milla verde.


Tartaruga.


Mi casa por dentro.










martes, 1 de abril de 2025

Almendra opositando a jabuticaba, Plinia cauliflora.

Almendro, Maresme (Barcelona). Foto: Angélica Regidor.

Esta es una almendra normal, de un almendro normal.

Bueno, casi.

Porque cuando la vi con un rabillo tan corto en relación al de las otras almendras, me recordó, mal recordado, al fruto de la jabuticaba, que casi carece de pedúnculo y crece tan cerca del tronco, que diríase se sienta en él.

No es lo mismo, pero esa almendra me pareció que no estaba en su lugar, aunque desde la perspectiva de la fotografía que le tomé, el pedicelo no se vea tan discreto.

Lo tenía por decir y por fin lo he dicho.

Ya puedo borrar la nota del cuaderno.

En Paraguay y América del Sur, hay un árbol que se llama jabuticaba, Plinia cauliflora,

 cuyos frutos parecen asentados sobre el tronco.

Frutos de Jabuticaba, Plinia cauliflora, sobre el tronco, a partir de una imagen de internet.