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| Un servidor, el león y la estación marítima de Mallorca. Imagen creada con ia por el autor. |
No necesitaba hacer esfuerzo para recordar lo inolvidable, pero sí era un reto ir más allá.
Cuando ocurrió lo que cuento, no había teléfonos inteligentes.
Lo que voy a narrar se podría explicar con un par de fotografías.
Pero el asunto es tan increíble y el final tan inesperado y cómico, que es difícil relatarlo sin un documento gráfico.
De ahí mi pereza para ponerme en ello.
Vale más una imagen que mil palabras.
Mil palabras es mucho espacio y mucho esfuerzo, y aún así vale más el clic de un dispositivo móvil.
Por eso son tan populares las redes sociales.
Poco relato y poco o nada que escribir, si se tiene un emoji a mano.
Para más inri, el escenario de esta historia ya no existe; hoy es una explanada en el muelle de Barcelona del puerto de Barcelona.
En el día de autos se levantaba la estación marítima de Mallorca.
Entonces era, aparentemente, un edificio nuevo pero alguien la vio obsoleta y decidió derribarla para levantar en 1999, el World Trade Center.
¿Qué es el WTC?
Pues no lo sé a ciencia cierta, aunque he hecho la consulta en Internet.
Sí sé qué era y para qué servía la estación marítima de Mallorca.
Pero ya me veo divagando. ¡No tengo remedio!
Tampoco tengo imágenes del día al que me refiero, pero sí fotografías de época del escenario de la historia que quiero contar, sacadas desde el funicular de Montjuich y alguna a pie de calle.
Con ellas te podrás encontrar con una Barcelona que fue y ya no es.
Tengo esas imágenes porque en ese lugar se encontraban el primer y el segundo local del programa docente Barcelona i la mar del que ya he hablado profusamente en este blog.
A falta de imágenes concretas de la historia que narro, intenté revivir mis recuerdos, con inteligencia artificial.
El resultado fue tan satisfactorio, que me ha levantó la moral y me animó a seguir. Aunque no de un tirón, no.
Porque de un tirón, tendría extensión inaceptable para una entrada de este blog; … solo he escrito la introducción y ya me he pasado de espacio.
Postdata.
Cuando el padre Collantes, del que hablo en otro lugar de este blog, leyó mi libro el cultivo del mar, me comentó; José María escribes muy denso, de cada uno de los capítulos de este libro se podría escribir otro libro.
Digo esto porque cuando he releído esta entrada, me he dado cuenta de que la he condensado tanto, que con ella tan solo despierto una impresión pero el que la lee se puede quedar con mil dudas.
Todas estas dudas se resolverán a lo largo del relato de la historia en sucesivas entradas.
Pero no encuentro justo que el lector tenga que esperar tanto, por lo que avanzo unos detalles.
La imagen reproduce mi recuerdo de un momento significativo de la historia, en la que me encuentro con el león que protagoniza todo esto. Es en la fachada trasera de la estación marítima de Mallorca.
El humano es un servidor, que relata. Voy vestido como vestía en los años en que ejercía como funcionario del ayuntamiento de Barcelona.
Por respeto a la institución, vestía siempre traje oscuro, camisa blanca y corbata oscura, a veces con alguna licencia discreta de color.
Así hice hasta que dejé de hacerlo.
Este día era lectivo y la hora fuera del horario laboral, pero cuando me relacione con el león llevaba ya unas horas deambulando por el muelle de Barcelona, que es donde se encontraba la estación marítima de Mallorca.
La cadena larga y de eslabones muy cortos, es tal como se lo pedí a la inteligencia artificial pues así era como sujetaba en ese momento el león. No era un elemento de sujeción sino de guía.
Algo completamente simbólico. Así es como era.
Con esto creo que acabo de completar lo necesario para entender la imagen y que quedará sobradamente narrado en sucesivas entradas.
Como he hecho en otras ocasiones marco con un + el título de la entrada, para indicar al lector que he añadido algo.
He dedicado muchas horas a esta entrada, pero no me importa porque el resultado me gusta y he descubierto que escribo para mí, para reavivar mis recuerdos y transmitírselos a mis hijos, cosa que no hizo conmigo mi amado padre y que es lo único que reprocho a aquel santo varón.
Alguien me ha dicho que es una buena terapia para evitar el Alzheimer.
No lo sé ni me importa, me da más placer el reavivar cosas bonitas de mi pasado, que el miedo a esa enfermedad.
Dejo ya la entrada pues en breve me toca la relajante y amigable cita de los domingos por la mañana.
Continuará, si Dios quiere y el tiempo no lo impide.









