Estoy cansado del Danubio y aunque aún me quedan cosas que contar, me voy a Egipto con mis prejuicios occidentales.En una entrada próxima ya hablé de los cruceros fluviales por el Nilo.
Son lo mismo, pero no tienen nada que ver.
Hay muchos factores externos que condicionan el bienestar en un crucero.
El Danubio es menos voraginoso, lo que genera una paz que deja en evidencia fragilidades humanas que forman una parte bella de nuestra personalidad que nunca las acabamos de conocer, porque el ruido del mundo nos las oculta.
La agitación de los sentidos del ambiente nilótico, nos oculta grietas como nos las oculta la cotidianidad.
Y ahora necesito ruido y tráfico.
Necesito que me digan que se va a instituir un servicio militar en España, para tener un ejército que pelee en la guerra que se avecina en Europa.
Un ejército para aumentar el bienestar de la oligarquía, no ya con el sudor de los ciudadanos sino con su propia vida.
Porque la oligarquía ya no tiene suficiente con el poder, la depravación y la ignominia, sino que necesita algo que aún no tiene.
Ver correr la sangre de inocentes, exprimida con sus propias manos.
Refocilarse con el sufrimiento no inducido, sino aplicado directamente
Por eso necesito ruido, para que me alivie la espera a la revolución que degüelle a esa estirpe criminal.
Ruido que me haga más leve la espera, pues no puedo más que esperar.
A medida que transcurra esa espera, veré si vuelvo al rio tranquilo, a la fauna peligrosa, de nuestro buen Mediterráneo, capaz de parir santos y monstruos.
Posdata a 18 de septiembre de 2026.
Alguien me ha dicho que esta entrada: Me quiero ir a Egipto no tiene contenido.
Y sin embargo, cuando la escribí creí que me había pasado de la raya.
Aunque entiendo que hay que haberlo vivido para entender lo que decía.
El crucero por el Danubio te deja tan relajado, tan alejado del mundo, que acaba pareciéndote que necesitas follón ambiente para seguir.
Esa necesidad de ruido no la sientes en el Nilo, porque entre el río y su entorno vives una vorágine.
Eso es lo que quería decir.
Pero ya se sabe, la gata precipitada, parió gatitos ciegos.
Probablemente me expliqué mal, bien porque la escribí en un repente.
O quizás porque era demasiado tenue lo que quería decir.
Sin embargo al releerlo hoy, me da la impresión de que fui muy bruto.
Ahora mi estado de ánimo está más relajado y funciono de otra manera.