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| José María Asensi, charlando con un operario, de iniciar el derribo del muro. |
Hoy
va de rollo, para leer despacio en la mesa camilla.
Me cuesta
escribir sobre la sustitución del muro de piedra que rodeaba el seminario conciliar
de Barcelona, por la verja que hoy lo circunda.
Porque
no fue un mero cambio.
Fue la
consumación de un proyecto que llevaba muchos años enquistado, que se resolvió de una forma sencilla en la forma, pero compleja en el fondo.
Necesito
remontarme en el tiempo para hacer más comprensible la historia.
Trabajaba como técnico superior
en economía en el ayuntamiento de Barcelona.
Harto de la vida urbana, pedí excedencia y lo dejé todo para irme de labriego al
desierto de Almería.
Tras
varios años, me reintegré al ayuntamiento.
Una
mañana, fui al museo geológico del seminario y conocí a su director,
el Dr. Calzada, un escolapio que había sido director de la Escuela Pía en la
calle Diputación, donde había cursado mis estudios hasta el preuniversitario.
Lo
importante en todo esto, es que un servidor estaba consolidado en el ayuntamiento
de Barcelona y entonces en el seminario.
Aunque
mis oposiciones a la administración fueron como técnico superior en economía, mi natural inquietud me llevó a pedir diversos destinos y tras
varios años, en ese momento, estaba como responsable económico del Programa Barcelona
posa’t guapa (Barcelona ponte guapa), que se
ocupaba de rehabilitar fachadas y monumentos de
la ciudad.
Con
un pie en el museo y el otro en el seminario, lo demás vino solo.
Enseguida
me di cuenta de que el muro que rodeaba al seminario le robaba muchas
posibilidades y distanciaba algo tan entrañable, tradicional y culto, del resto
de la ciudad.
Eso
era una pena pues la tradición y la cultura habían sido siempre en Cataluña
signos de identidad de la catalanidad.
Pronto planteé al ayuntamiento la posibilidad de quitar el muro, pero me dijeron que ese había sido un viejo proyecto de Pasqual Maragall, que durante diecisiete años (algunos de ellos siendo alcalde de Barcelona), había peleado por eliminarlo, sin conseguirlo.
Me lo presentaron como una batalla perdida.
Conocí
a Maragall en el gabinete de programación donde me inicié como funcionario y
luego traté con él ocasionalmente y de manera muy puntual, lo suficiente como
para ver en él a una persona buena, honrada y fiel.
Había trabajado también como asesor del alcalde Clos.
Enseguida
entendí, conociendo ambas partes, que el fracaso en la negociación del muro, había sido históricamente fruto de un mal planteamiento de la cuestión.
Me
puse entonces a tantear el tema.
Puesto
que las intenciones del ayuntamiento eran las de embellecer la ciudad sin
perjudicar al seminario, y la actitud del seminario era cordial y negociadora,
no había motivo real por el que no pudieran llegar a un acuerdo.
El
resultado lo tenía cierto, me faltaba el dinero, del que carecían ayuntamiento
y seminario.
Pero
precisamente mi trabajo en el ayuntamiento estaba en ese momento en Barcelona
ponte guapa, con patrocinio de empresas privadas.
Alargaría
mucho el relato, explicar en detalle este proceso.
Fueron
días de constante ajetreo mental para desbaratar los obstáculos de una y otra
parte.
El rector
del seminario estuvo enseguida de acuerdo y se puso a remar en el mismo
sentido. Al ayuntamiento no había que convencerle de nada.
Así
se gestó el cambio de muro del seminario.
Lo
que quedan son anécdotas, que quizás contaré otro día... las que se pueden
contar.
Extracto
del texto original, creo que inédito.
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| prueba de imprenta de publicidad de Barcelona ponte guapa. Diseño: J.M. Asensi. |
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| Prueba de imprenta de publicidad de Barcelona ponte guapa. Diseño: J.M. Asensi. |
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| Reproducción de una fachada sobre lona, en Barcelona, ponte guapa. |





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