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martes, 10 de enero de 2023

Raíces.

 

árbol con futuro (Platanus).

Árbol sin futuro  (Pinus). Foto: Angélica Regidor.

El de la fotografía de más arriba, vemos un plátano de sombra. (Platanus).

No es un árbol noble ni especialmente bonito y sus raíces no son nada espectaculares.

Hay otros plátanos de sombra más recios y con raíces más llamativas.

Pero no importa.

Este árbol en concreto, ha sobrevivido a las inclemencias del tiempo y a los vaivenes de la política urbanística.

Probablemente su futuro sea ya apacible y largo, si no hay causa mayor que le sobrevenga.

Tiene raíces y las circunstancias le han acompañado.

Lo primero, es que tiene raíces.

Todo hace ver que fue plantado con cuidado en el lugar adecuado y ha podido crecer sin sobresaltos.

En el hombre pasa igual que con el árbol. Por eso el humano ha de procurar cuidar sus raíces, como elemento básico de supervivencia.

Luego ya vendrán circunstancias adversas que le zarandeen; cuanto más enraizado esté, menos daño le causarán.

El árbol es un vegetal irracional y hasta donde sabemos le basta con las raíces físicas para sobrevivir con salud. Aunque si me haces hilar fino, no descarto que haya otras circunstancias más sutiles que le ayuden a crecer.

Pero sin unas buenas raíces, al margen de las circunstancias, su vida será procelosa y probablemente corta.

En el nombre, un animal racional, la esencia de las raíces es la misma, pero su dimensión es mayor, porque trasciende a lo físico y abarca raíces afectivas emocionales y sentimentales.

Y, naturalmente, racionales.

El de abajo, es un pino nacido sin cuidados, en un lugar que ha sido invadido para hacer unos pisos.

El ayuntamiento ha dejado sus raíces al albur de las circunstancias.

Da un poco de vértigo el pensar, en lo que son las raíces en el ser humano.

Aunque cueste determinarlas, es imprescindible cuidarlas en lo que se alcance, para una buena salud mental y física.

La vida es muy larga y se echan raíces muy pronto.

Hay que crecer libre, pero sin olvidar tener siempre una referencia, por vaga que sea, de las raíces originales.


domingo, 8 de enero de 2023

¿Es buen momento para hablar de naufragios?

 

Naufragio en Costa Rica.

El barco naufraga y la gente mira, como si no fuera con ellos.

No sé si el ciudadano de a bordo es el dueño.

La situación no parece trágica. Aunque ahí,  el mar no es lo que parece.

Si todos se ponen a trabajar, el barco se salva.

No me quedé hasta el final.


miércoles, 4 de enero de 2023

Palabra y divulgación cultural: Arrecifes artificiales en España.



Conferencias del Club de Vanguardia.



Tenía en la despensa esta entrada, pero un encuentro casual de esta mañana, me ha inspirado a subirla ahora.

Desde siempre, he dedicado el tiempo libre a la divulgación cultural.

La forma más sencilla y económica, de hacerlo, era la divulgación a través de charlas. conferencias o entrevistas en los medios.

Más sofisticada fue la difusión a través de los museos que creé o del barco oceanográfico que armé en los 80’.

Como mi trabajo me lo permitía, la mayor parte de estas actividades, las financiaba con los ingresos de mi actividad profesional.

Eso me ha permitido dedicar unos recursos y llegar a unos ámbitos a los que de otra forma no habría podido llegar la cultura.

Residencias de ancianos, escuelas poco o mal atendidas, colectivos marginales etcétera.

Hoy voy a hablar aquí, de mi actividad de divulgación a partir de la palabra.

El número de charlas y conferencias que daba era tal, que me hicieron un nombre, quizás más que por la cantidad, que por la calidad.

Quizás por ambas cosas.

Lo que contaba era interesante y al parecer lo contaba de forma amena.

Nunca me importó la audiencia.

Una vez di una conferencia sobre tiburones en el local social del CRIS, de la calle Pelayo, a la que asistieron dos personas.

La organización me ofreció suspender la actividad, pero me opuse, pues entendía que esas dos personas tenían derecho a satisfacer su interés por el tema que habían venido a escuchar.

La conferencia la daba en una sala anexa al bar del local social.

Cuando acabe éramos doce o quince personas, pues los socios que iban pasando por la barra del bar, pedían su consumición y se pasaban a la sala donde estábamos, para escuchar la charla.

Hablo del mínimo, pero lo normal era llenar salas medianas con un aforo medio de entre veinte y cuarenta personas.

En el extremo de máximos recuerdo una conferencia que di sobre tectónica de placas, en un barrio obrero de Barcelona, organizada por el Ayuntamiento de Barcelona, a través de uno de sus Distritos:

En una sala de actos descomunal, me metieron alrededor de cuatrocientas personas, entre las que se encontraban desde niños a ancianos.

Tengo presente la sensación de pánico que sentí, al verme frente a aquel auditorio, en anfiteatro y platea, al que tenía que hablarle de tectónica de placas.

Era evidente que algo había fallado, pues lo que tenía que ser una charla de divulgación científica se había convertido en un acto popular.

Sin embargo y aunque suene extraño, lidié aquel toro.

El heterogéneo público aguantó hasta el final y salió sabiendo que los continentes flotan y se mueven.

Como decía más arriba, este bagaje de charlas, hizo que algunas entidades como el Club de Vanguardia, dependiente del periódico La Vanguardia, me contratara para dar conferencias.

Me las pagaban muy bien, hasta el punto que llegó el momento que ingresaba más por dar conferencias que por mi labor profesional principal como economista.

Parece que esto significaba un progreso, pero no fue el principio del fin.

Al cobrar por mis conferencias dejaron de ser una cuestión vocacional.

Y me sentí como un mercenario de la cultura.

Un día dando una conferencia sobre arrecifes coralinos en la sala del Club de Vanguardia, fui consciente de ello.

Me sentí incómodo porque me pagaran por repetir lo que había estudiado en los libros. Sé que eso es lo normal y que los divulgadores se les paga por eso.

Pero a mí me sabía a poco y recuerdo que con el público delante, en una de las pausas y mientras los contaba sobre la vida de los corales, decidí no volver a dar una conferencia, que no fuera por pura satisfacción personal y en la que no pudiera aportar experiencias inéditas propias.

Y desde entonces no he vuelto a dar una conferencia o a escribir sobre un tema, en el que no tenga una experiencia vivida, que sumar a lo que dicen los libros.

Es lo que se refleja en este blog.

Donde prácticamente todas las fotografías son inéditas y en las entradas, hablo de experiencias vividas y observaciones realizadas por mí.

Y remito a Internet para asuntos generales.

No sé si me he hecho entender, pero estoy escribiendo esta entrada en un ambiente tan alterado que me resulta difícil mantener el hilo de mi pensamiento.

… Por eso procuro escribir en soledad y tranquilidad, pero las circunstancias hacen que no siempre pueda ser así.



martes, 3 de enero de 2023

Ojo al ojo.

 

Ojo.

De acuerdo, es un ojo.

Un ojo grande.

Y es un ojo de un animal.

El que el ojo sea grande nos dice que está preparado para captar mucha luz.

Es decir, que el animal vivirá en un lugar oscuro.

También la piel es oscura.

Es una piel tersa y brillante.

No tiene pelos y se parece a la de un pez, pero no se le ven escamas.

¿ O sí?

Está la piel demasiado cerca del ojo para que tuviera escamas.

Es muy probable que sea un pez.

¡Cómo cambia la visión, de primer plano, al plano completo!

Es como conducir de noche o conducir de día.

Sin duda ya habrás atinado con el pez de que se trata.

Si no, un día de estos te daré más detalles.

lunes, 2 de enero de 2023

Joseph Ratzinger y José María Collantes.

 

Foto: TVE.


De izquierda a derecha, José Maria Collantes, Antonio y Nilo Collantes, hermano del primero y también un buen sacerdote.

La nota que este naturalista te trae hoy, es un poco singular pero muy a propósito para el momento histórico que vivimos.

Me refiero al reciente fallecimiento de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.

Es una anécdota relativa a Ratzinger, que me contó mi amigo el curra el rural, José María Collantes, que en paz descanse.

Como ya te he contado, aunque muy por encima en este blog, colaboré con Collantes, durante algunos años en su labor pastoral en Tierra de Campos, en la medida en que un seglar puede colaborar.

Collantes tenía un carácter muy duro, que le aparecía cuando se enfrentaba a injusticias que afectaban a su grey.

Lo conocí bien y aunque no es el momento de profundizar en él, sí diré que no me cabe ninguna duda de que era un hombre santo en caridad.

En una ocasión, viendo la televisión con Collantes en la residencia, apareció Ratzinger en ella, con motivo de no recuerdo qué noticia y Collantes comentó; lo conocí en Roma.

Collantes era muy introvertido y parco en palabras.

Le pregunté sobre ello y me dijo, que cuando llegó a Roma para estudiar, se refería a los estudios relacionados con su profesión clerical, andaba perdido, buscando su lugar de destino, el Seminario o Escuela que fuera.

En esto, que vio a un hombre que se estaba mirando con cierto interés un coche aparcado.

Lo iba mirando a la vez que lo rodeaba para observarlo desde distintos ángulos.

El vehículo que fuera le había llamado la atención.

Como andaba perdido, Collantes decidió preguntarle a aquel hombre, dónde se encontraba su lugar de destino.

El ciudadano que estaba curioseando el coche, dejó inmediatamente lo que estaba haciendo y se dirigió hacia él atendiéndole con mucha afabilidad, indicándole cómo podía llegar dónde buscaba.

Me comentó Collantes que agradeció mucho la cordialidad de aquel desconocido, que resultó ser Joseph Ratzinger, que entonces, me parece era un sacerdote más.

No hay que olvidar que Collantes era un joven sacerdote rural español, recién llegado y perdido en una ciudad desconocida.

Me emociona pensar en esa anécdota del encuentro entre dos hombres buenos, que luego tanto han influido en mi vida.

Ratzinger a través de de sus escritos y Collantes con su ejemplo personal de caridad.

A Collantes le dediqué mi documental, Paseo por Valladolid, inspirado en él y en los lugares que recorrimos en esa época.

Descansad ambos en paz.


miércoles, 28 de diciembre de 2022

Luciérnaga hembra.

 

Luciérnaga hembra. Lampyris noctiluca.

Hace muchos años que no veo una luciérnaga macho.

Recuerdo con nostalgia las noches en mi juventud, en que veía las lucecitas de los machos volar entre las hojas de los arbustos.

Hace años que ese mundo ya no es mío.

Sin duda porque hace muchos años que dejé de hacer del ámbito de mis paseos la tierra, para pasear por el mar.

Desde que vivo, ya pasados muchos años de mi juventud y de esas noches de verano, en la montaña, me he encontrado en varias ocasiones luciérnagas hembras.

Ya en el primer avistamiento, me llamó mucho la atención este animal y me desconcertó su aspecto tan primitivo.

Me costó poco determinar de qué se trataba, pues su aspecto característico hace que lo encuentres con facilidad, hasta en la guía más simple de insectos.

Por eso no voy a entrar aquí en detalles de lo que puedes encontrar con facilidad en Internet.

Le he dado vueltas al porqué de ese aspecto y he llegado a la conclusión de que la disposición en placas que se yuxtaponen, les permite protegerse mientras están depredando un caracol, que es uno de los elementos importantes de su dieta.

En una ocasión vi y tuve la oportunidad de filmar a una luciérnaga comiéndose a un caracol y vi que, con esa disposición de placas, puede acceder hasta el fondo de la concha de su presa, lo que le hace estar indefensa porque tiene la cabeza ocupada dentro de la concha y el cuerpo fuera de ella.

Con esa estructura corporal, tiene la agilidad de profundizar hasta el fondo de la concha del caracol al tiempo que mantiene el cuerpo protegido de amenazas que no ve porque, está ocupada en la comida.

Te traigo hoy unas imágenes de la luciérnaga, en un vídeo en el que se aprecia con detalle esta disposición del cuerpo y dejo para otro día y quizás para otra ocasión, el vídeo de la luciérnaga depredando al caracol.

Luciérnaga. Foto: Angélica Regidor.



martes, 27 de diciembre de 2022

Gnomos tomando el té. Trametes versicolor.

 

Las tacitas de té, son Trametes versicolor. Al fondo en verde, Trachelospermum asiaticum. Foto: Angélica Regidor.

Nuestro tocón.

Hoy paseando por el bosque nos hemos encontrado con unos gnomos que estaban tomando el té.

Al principio se han asustado y han salido corriendo, momento que he aprovechado para hacer la fotografía del sitio de reunión, con sus tazas de té servidas.

Pero enseguida nos han reconocido y han vuelto a seguir con su reunión, a la que nos han invitado.

Al lado del tocón que hacía de mesa donde se reunían, crecía un bonito jazmín de Asia que, por estar en invierno, todavía no había florecido.

En primavera volveremos a este rinconcito del bosque.

Será un lugar ideal donde venir a pasar las tardes con nuestros amigos los gnomos.


Trachelospermum asiaticum.




Suicidio; una rareza en la Naturaleza.

Familia inuit: Dibujo, a partir de un dibujo libre en Internet.

Hay imbéciles que dicen que suicidarse es de cobardes.

Puede ser de muchas cosas, pero desde luego no es de cobardes.

Quizás de locos o de desesperados o incluso de hastiados.

Pero no de cobardes.

Porque con el suicidio te enfrentas a algo desconocido y un cobarde no busca lo desconocido.

Con el suicidio te enfrentas al dolor y quizás el fracaso, con lo que puedes quedar peor de como estabas y encima habiendo perdido quizás la posibilidad de repetir el intento.

Suicidarse no es de cobardes.

Eso sí, es un acto antinatural porque en la naturaleza nadie se suicida.

El suicidio es realmente algo infrecuente en la naturaleza, aunque puedan citarse casos excepcionales.

¿Y por qué no existe el suicidio en la naturaleza?

Porque prima el instinto de conservación, que es el encargado de mantener a la especie en el tiempo.

Vencer ese instinto no está diseñado en el cerebro de los irracionales.

Pero como el hombre es un ser racional, no forma parte de ese contexto general de la naturaleza y sí es capaz de abordar el suicidio, aunque un coste muy alto de voluntad y valor.

Por eso el que desprecia el suicida es un imbécil o por lo menos, un ignorante.

Sin embargo, ese mismo sentido racional que permite al hombre programar su final, le protege de esa programación.

De no ser así ya no existiría el hombre, pues vista con frialdad, la vida es para muchos un tránsito muy difícil hasta el punto de que está muy extendido el dicho de que la vida es un valle de lágrimas.

Pero como te decía, esa misma racionalidad protege al hombre porque le hace ver que por duro que sea el momento que está viviendo, en un instante pueden cambiar las circunstancias que le amargan.

Tu mujer te engaña con tu amigo más fiel y eso te hace sentir tal amargura, que piensas en el suicidio.

Pero hete aquí que recibes una llamada inesperada, diciéndote que tu amigo y tu mujer se han estozolado en un helicóptero, mientras sobrevolaban en un viaje romántico, el Gran Cañón de Colorado.

¿De qué te habría servido tu suicidio?

O puede que tu hijo te amargue tanto la vida que desees suicidarte.

Pero un día en una excursión con la parroquia, conoce a una chica inuit y se va a vivir con ella a Groenlandia.

Que suicidio más inútil hubiera sido el tuyo si lo hubieses consumado.

Supón que tu secta te repudia y tu desespero es tal, que decides suicidarte.

Es mejor que en tu desvarío te hagas hippie y empieces una vida de alegría enajenada y loca, pero de alegría, que te habrías perdido con el suicidio.

Quizá de rumiar en esa vida alocada y hippiosa, te salga algo mejor: Por ejemplo, acabar de surfista en Portugal.

Si el suicidio es antinatural es por algo.

Seamos naturales.

Si tu impulso es inminente y tu desesperación es tal, que no te ves con tiempo de reaccionar, recurre a tu sentido común y de perdidos al río; vete a una misión en Yemen o de cooperante a Tijuana.

Las probabilidades de volver serán mínimas, pero por lo menos te lo pasaras en grande y habrás servido para algo.

Mejor eso que un hospital mientras te hacen un lavado de estómago o arrepintiéndote durante la caída, de haber dado el salto desde el sexto piso.


Pistas de cangrejo violinista.

 

Pistas de cangrejo violinista. Costa Rica.


A este cangrejo se le llama así porque entre sus principales características, está la que una de sus pinzas es notablemente más grande que la otra.

A quien lo vio por vez primera le debió parecer que el animal tocaba el violín. Bueno es un decir.

Lo que sí le debió recordar fue la imagen de un violinista.

Esto no nos deja duda de que su descubridor o por lo menos quien lo dio a conocer, era un europeo de postín que conocería el mundo de los conciertos.

La imagen la tomé en una playa de Costa Rica, durante la marea baja.

Mi intención era fotografiar el cangrejo, pero el animal corría tanto que me tuve que conformar con fotografiar sus pistas y al bicho mirándome desde su agujero.

En realidad, no era un solo animal, sino que eran tropel corriendo cada uno en una dirección y dejando entre ellos siempre una distancia notable.

Tanta concurrencia y solo pude traer lo que aquí te presento.

¡Menos da una piedra!

En Internet encontrarás las imágenes que quieras del cangrejo violinista, pero sabes que mi actitud es no incordiar a los bichos y este simpático cangrejo no iba a ser menos.

Me quedé sin foto del bicho, foto que podrás encontrar en muchos sitios, pero me traje la fotografía de sus rastros, que podrás encontrar en menos sitios porque no es tan comercial.

Pero al menos sí tan interesante.



domingo, 25 de diciembre de 2022

¿Qué es la Navidad?

 

Representación sintética y atemporal del nacimiento de Jesús, realizada en un convento de monjas de clausura.


¿Crees que Homo sapiens, capaz de crear civilizaciones maravillosas que han culminado en la Civilización Occidental que hoy disfrutamos, iba a celebrar unas luces bonitas, a un señor gordito vestido color Coca Cola, o a un árbol iluminado y lleno de caramelos y regalos?

A esta larga pregunta, se puede responder con un escueto. No.

La Navidad celebra el nacimiento del hijo de Dios encarnado, por obra del Espíritu Santo, en la Virgen María.

Esto ocurrió hace poco más de dos mil años.

Sí, lo sé, es un concepto complejo.

Pero es que Homo sapiens es complejo. Muy complejo.

Capaz de entender, aunque sea a medias, eso de la Navidad cristiana.

Para cualquier hombre libre y estudioso, el cristianismo ha traído la civilización.

Busca en Wikipedia, científicos cristianos y verás que la ciencia que hoy disfrutamos, viene de su mano.

¿No íbamos a celebrar al Creador de este mundo maravilloso, aún con sus grandes miserias?

Las de mundo, claro.

Eso es la Navidad, el aniversario de Jesús.

Lo demás es folklore.