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| Aeropuerto de Barcelona, terminal 2. |
Movido por un peligroso romanticismo, he realizado un crucero por el Danubio.
Ahora bien, debo advertir que ha sido en circunstancias excepcionales; en condiciones de una sequía, sin precedentes en el siglo.
Me fastidió que el crucero tuviera que empezar en el aeropuerto de Barcelona, pasar luego al aeropuerto de Munich y luego, tras dos horas de autocar, llegar al barco.
Un mal comienzo. Muy enrevesado y alejado del infantil romanticismo que pretendía.
Pero vamos pasito a pasito.
Todo empieza alas cuatro de la mañana del día de salida con el toque de diana.
Luego taxi y tras unos 60 € nos presentamos en el aeropuerto de Barcelona.
Éste es todavía un aeropuerto humano y racional.
A horas intempestivas resulta incluso acogedor.
O plácido.
O tranquilo.
Quizás como todos, pero este es de casa y eso cuenta.
Por lo que respecta a los aviones y a la sequía quizás otra vez buscaré otra empresa distinta de Catay a ver si me ofrece un principio mejorable, con menos horas de avión y carretera, y una alternativa creíble a inclemencias naturales.
Sabiendo que el barco necesitaría ruedas para pasar algunos tramos, Catay prefirió el negocio a la ética.
Ese problema lo hubiera subsanado suspendiendo el viaje, pues
La misma empresa advirtió de la grave sequía, aunque sin dar razón del alcance y secuelas que ello tendría.
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| Terminal 2 del aeropuerto de Barcelona con ambiente, sobre las diez de la mañana. |
En lo sucesivo no seguiré un orden cronológico estricto, pues guardar cualquier disciplina me resulta molesto y lento.
Ahora bien, como las fotos si tienen un cierto orden, como consecuencia inevitable las entradas también lo tendrán.
Tampoco me voy a extender en las explicaciones pues en Internet encontrarás más y mejor.
Me centraré pues en sensaciones personales que es lo que no puedes encontrar en Internet.
Ahora bien estas impresiones tómalas con pinzas.
pues al hablar mucho me equivoco mucho.
Y así como la IA advierte que puede equivocarse, ni te digo lo que puede hacer un servidor.
Aunque quizá menos, pues tengo raciocinio que la IA no tiene.