El bufet libre del desayuno, es probablemente el momento más emocionante de las comidas en la pensión completa de un barco, de un hotel o de lo que sea que se precie.
Y en este crucero fluvial no iba a ser menos.
Pues a mí me lo fastidiaron.
Me ilusioné con el pan con tomate, que en este bufet lo servían, si bien en unas condiciones que me impidieron disfrutar de él, salvo una mañana en la que me apresuré para ser el primero de la cola.
En la imagen señalo dónde se encontraba el tomate: En el punto de reunión de las personas que esperaban para servirse determinadas cosas, como tostadas etcétera.
Era el punto de reunión, donde un montón de gente comentaba la jugada del desayuno.
¿Y cuál era ese centro de la reunión?
El tomate.
Un tomate sin ninguna protección preceptiva y que a los cinco minutos, estaría salpicado de la saliva de los tertulianos, la que técnicamente se llama gotas de Flügge.
Por ley ese tomate debía de estar debajo de un metacrilato o de algo que lo protegiera pero no, estaba al aire cual modelo de una revista de modas.
Me pasé todo el crucero esperando a mi pan con tomate, hasta el día que como he comentado, tuve ocasión de disfrutarlo.
Crucero de cinco estrellas, con desayuno en taberna.

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