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jueves, 10 de septiembre de 2026

La sequía del Danubio.

Casita y ruinas del castillo de Werfenstein sobre un promontorio rocoso junto al río Danubio, en Sant Nikola Donau. (Alta Austria), desde un ventanal del barco. Foto: Angélica Regidor.


Dicen que el Danubio está sufriendo su mayor sequía del siglo, hasta el punto de que algunos lugares son intransitables para las embarcaciones fluviales mayores.

Eso es malo para el turismo.

Pero el hecho de que el agua sea poca y tenga menos empuje, probablemente hace que determinadas texturas de su superficie, se aprecien de forma distinta.

Durante todo el viaje, parecía que los acontecimientos se desarrollaban a cámara lenta, lo que añadía placidez al que debe ser siempre, suave navegar por aguas mansas.

He discurrido por el abundante Nilo, pero es algo completamente distinto.

Al Nilo no volvería.

Pero a un Danubio sediento como este, volvería por la añoranza de sus aguas suaves y gratas.

Creo que he tenido suerte con la sequía, porque probablemente sea irrepetible.

No por los paisajes, que estarán siempre ahí.

Sino el agua tranquila y su textura laxa.

Por el silencio del paisaje en el que aún incordiando, eran soportables los puentes.

Menos lo eran los lugares desde donde se veían los edificios ensuciando el cielo.

Porque aquellos son inherentes al río, pero los otros son una propina mal dada.

La placidez es como un don, que se tiene por naturaleza.

Y esta sequía añadía a la placidez algo sutil. 

En estas circunstancias el Danubio me han dejado huella.

No sé si un rio, saciado, sería lo mismo.

Es un riesgo.




 

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