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| He recreado esta imagen con Gémini, en base a criterios subjetivos bien argumentados. Pero sin ninguna base real. |
He hablado de un crucero por el Danubio y de un crucero por el Nilo.
Y he tenido la osadía de compararlos.
Evidentemente son ríos y ambientes muy diferentes.
Tanto que parecería necio comparar uno con otro.
Quizá entre mis muchos defectos está la necedad, pero no hasta ese punto.
Mi comparación se refiere exclusivamente al aspecto intelectual o místico.
Bueno no quiero parecer cursi o relamido utilizando esas palabras.
Me refiero a que aún con los ojos cerrados, notaríamos una paz en el ambiente que se nota en uno y no se nota en el otro.
Efectivamente si en el Danubio te caes al agua, puedes ir nadando hasta la ribera, subir fácilmente a tierra y esperar en el camino de sirga a que pase una bicicleta eléctrica alquilada o en algunos tramos muy concretos, un coche de servicios.
En el Nilo si te caes al agua, lo más probable es que te ahogues intentando flotar contra la corriente y las ramas o intentando subir a una indefinida rivera selvática, si en el proceso no te come un cocodrilo.
Evidentemente, cuando hablo de la navegación en ambos ríos no estoy refiriéndome a este aspecto u otros semejantes.
Estoy pensando en aspectos muy sutiles, pues los evidentes no precisan explicación.
Por eso dije que no volvería el Nilo y sí a un río europeo.
Porque estoy cansado del síndrome de Stenhal y ya me gusta más la paz y la monotonía, que la incertidumbre y la inseguridad.
También es cierto que prefiero a un egipcio, musulmán descafeinado, que a un deutsche. que se lo crea.
Por cierto, ningún egipcio te aceptará lo del cocodrilo, y tienen sus argumentos buenos, malos o pésimos.
Como tampoco te aceptará que en el Mar Rojo hay tiburones.
Dicen que son delfines.
Es como las bombas atómicas en Almería (España).
¡Todo por el turismo!

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