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viernes, 18 de abril de 2025

Colomba.


20 de abril de 2025. Domingo de Pascua de Resurrección. 


Colomba, dulce italiano de Pascua.

Hasta que alguien me corrija, esta es la colomba, postre de pascua italiano.

El nombre es obvio.

Es un dulce peligroso, pues una vez lo empiezas no lo puedes dejar. Incluso rebañas las migas. Lo blanco son balines de azúcar, con una textura crujiente, probablemente conseguida por presión, calor y algún jarabe,.. o no.

Si lee esto un pastelero, nos lo podría contar.


 


miércoles, 16 de abril de 2025

Cerastoderma edule = Cardium edule, berberecho.

 

A los B., de Cubellas (Tarragona).


Cerastoderma edule = Cardium edule, berberecho.


Cerastoderma edule = Cardium edule, berberecho.

A estas conchas, un amiguito de Cubellas las llamaba conchas de pana por su semejanza con este tejido.

Hace una vida que no lo veo, pero lo recuerdo como si lo tuviera delante.

La razón de llamar al género Cardium, es evidente, aunque hoy, perdida la evidencia, ya no se usa ese nombre.

El aspecto de la concha es muy variable, así como común su presencia. Probablemente lo uno y lo otro estén relacionados.

 






domingo, 13 de abril de 2025

El túnel de las islas Medas. Artículo de J. Mª Asensi et al.

 Dedico esta entrada a los singulares Matilde y Toti.


Diario, el correo catalán, de cuando existía la prensa.

Cultívate en hemerotecas. He pasado muchas horas en ellas y te aseguro que es apasionante cuando estas tratando un tema concreto. Es como desplazarte en el tiempo.

En el diario que te reproduzco, encontrarás un artículo, por lo menos distraído, si no trepidante, sobre el túnel de las Medas. Lo escribí en mayo de 1976.

Y ahora que he sacado el tema, recuerdo que tengo un par de historias interesantes e incluso diría trepidantes, que he vivido en ese túnel... Quedan pendiente para otro día, pues ahora me están llamando para no sé qué. ¡Mira que tiene horas al día y me llaman cuando me pongo a escribir, con lo que me cuesta ponerme a hacerlo!

Si me olvido, recuérdamelo. Si atino en ver tu mensaje, me pondré en ello.

Si me acuerdo también me pondré en ello, aunque no me lo hayas recordado.



viernes, 11 de abril de 2025

Una jornada en mi museo de Níjar.

 

A mi amiga Mari Carmen R.


Vuelvo a las andadas; pocos cromos y mucho texto. La razón de poner más texto es que mi amiga Mari Carmen, me ha dicho que le entretienen mis libros y hasta que acabe lo que llevo entre manos, quiero distraerla con el blog. El problema es que me dice que ya no puede leer. Pero eso no es óbice para que unos jovencitos como nosotros nos privemos de semejante entretenimiento. Seguro que encuentra a alguien que le lea estos billetes.

 

Museo de Historia Natural y del Mar de Níjar.

Mi horario en el Museo de Historia Natural y del Mar de Níjar era de ocho de la mañana ocho de la noche, todos los días de la semana. Ocasionalmente me sustituía mi hijo mayor. De vez en cuando en invierno, si tenía obligación imperiosa de excursión o trabajo, algún día lo dejaba correr.

A primera hora de la mañana cogía el coche y me subía a Níjar para abrir el museo a las ocho. En coche tardaba una media hora, pero en burra me llevaba toda la mañana, por lo que siempre iba en coche. En el cortijo se quedaban Carmen y los niños para cuidar las plantas y los animales.

Por la mañana, ya en el museo, tardaba tiempo en aparecer el primer visitante, pero me lo pasaba muy bien ordenando las vitrinas, rotulando las piezas y poniendo todo en buen estado de policía.

Había construido, soldando tubo cuadrado de metal y cristales,  un expositor grande que lo tenía en la entrada, donde exponía piezas que estaban a la venta a precios muy asequibles.

Recuerdo un día la visita de una pareja de muchachos españoles, que al parecer venían de un viaje a Marruecos. Les llamó la atención un gran trilobites marroquí que tenía expuesto con su precio. ¡Uno le dijo al otro muy exaltado; ¡mira más barato que en Marruecos! 

Efectivamente el material brasileño y marroquí que tenía a la venta, lo compraba a un mayorista granadino, que era aficionado a la paleontología y a la mineralogía y compraba directamente a proveedores de Brasil y Marruecos. Me vendía a precios irrisorios a los que yo cargaba un margen también irrisorio, por lo que el precio final era muy competitivo.

Cierto que yo no pagaba alquiler de local, pero sí los desplazamientos a Granada, los consumos, la limpieza y otros gastos. Al principio tenía acuarios en el museo, pero los tuve que quitar porque el consumo de electricidad de las luces del acuario, de las bombas de oxigenación y de los termostatos, era demasiado elevado para el pequeño margen de beneficio que me daban las ventas. 

También vendía material que recolectaba en Almería, que colocaba en cajitas de cuatro por cuatro centímetros todo a 100 pesetas, lo que a precios de hoy serían algo menos de un euro. Estas piezas eran magníficas porque las seleccionaba mucho para ofrecer solo lo exquisito. Las colocaba en cajitas con base de poliespán, que compraba en Barcelona y las rotulaba con el nombre del espécimen que contenían.

Todo eso me llevaba mucho tiempo, pero partía de la base de que ni mi tiempo ni mi trabajo tenían valor, pues vivía en otro mundo y tenía lo básico cubierto. Vivía al día.

Entre los ingresos por estas ventas, las, las ventas o trueque de lo que criaba en el cortijo y algún bolo contable, conseguía vivir el día a día en aquel desierto. Las visitas al museo eran un goteo muy lento pero continuo. Me parece recordar que la entrada costaba 100 pesetas.

Era muy duro pasarse tantas horas para tan pocas visitas como había. Pero el Museo pasó a ser una de las visitas turísticas de Níjar que llegó a anunciarse en los folletos que editaba el organismo que se dedicaba al turismo allí. Incluso se organizaron al final, en tiempo de verano, visitas de colegios que venían al museo en autocares, a veces uno al día durante varias semanas.

Ahí empezó a cambiar todo en positivo. Incluso me puse a vender bolsitas de patatas fritas y cosas parecidas. Pero los bares del pueblo me denunciaron al ayuntamiento y tuve que dejarlo, aunque la venta era meramente testimonial. Los miserables dueños de los bares no se daban cuenta de que por unas pocas bolsitas de patatas fritas que pudiera vender, el beneficio era suyo pues les traía uno o dos autocares diarios de chavales que se despachaban en sus bares. Pero ya lo dice el refrán la miseria hace al hombre miserable. Imagino que desde que cerró el Museo lo habrán echado de menos.

Para dar una idea de lo que era vivir al día, comentaré que una vez visitando una cantera donde había unas calizas dos muy bonitas, me caí y me destrocé el pantalón. Yo tenía reparación con un poco de descanso, agua oxigenada y vendas, pero el pantalón estaba deshecho. Al día siguiente dediqué en el cortijo el tiempo a poner en cajitas formaciones calizas que recogí ese día y como era verano y tenía visitas de colegios, en poco tiempo pude vender las suficientes cajitas como para comprarme unos pantalones.

Con esta pincelada, espero haberte ilustrado sobre el día a día del museo. Pero son tantas las anécdotas, que me dan vértigo y quiero dejarlo por hoy. No sé si este ejercicio de recordar me divierte o me fastidia. Pero mientras lo aclaro, seguiré recordando.






Engordando entrada.

 

Foto libre en internet.


No me quedé a gusto con lo poco significativo de la imagen de la entrada del otro día, por lo que decidí poner alguna ilustración más y una posdata, por si a alguien le interesa o se da por aludido. Eso es todo.

martes, 8 de abril de 2025

¿Quieres ser biólogo o sabes lo que es ese oficio?

 

Dedico esta entrada a una sociedad en crisis existencial.


Desde siempre me ha gustado la historia natural, lo digo y discurro sobre ello en alguno de los libros que anuncio en el blog.

Pero cuando llegó la hora de elegir carrera le planteé a mi padre mi interés de estudiar biología. Con buenas palabras, pues mi padre era hombre muy correcto, me dijo que andaba herrado. Me dejó claro, argumentándomelo, que la biología tenía pocas salidas profesionales y que poco menos me metía en un callejón sin salida. Me recomendó estudiar economía o derecho, que tenían un espectro profesional más amplio. Además, las consideraba mejor adecuadas a mi perfil personal e intelectual.

Fiel hijo, opté por la economía, aunque una vez acabada la carrera de ciencias políticas económicas y comerciales, que es como se llamaban entonces esos estudios con una duración de cinco años y dos de doctorado, me di cuenta de que, en realidad, tenía más interés y vocación por el derecho. Oposité y obtuve una plaza de técnico superior de economía en la administración local, lo que me permitió ganarme las lentejas, pero no satisfacer mi vocación (a lo largo de mi vida me he planteado en varias ocasiones si no me hubiera realizado más profesionalmente ejerciendo el derecho).

Transcurrió un año, entre el fin de mi licenciatura en economía y la oposición, tiempo en el que estuve recluido en una habitación de casa, estudiando temas que no tenían nada que ver con la biología pero que, aun así, satisfacían a mi inagotable e indiscriminada sed de conocimiento; incluso leo con atención y aprovechamiento, los prospectos de los medicamentos que me prescriben a mi o a alguien cercano. Nunca me ha molestado estudiar.

Pero claro la cabra tira al monte y una vez que obtuve la plaza como economista, me planté estudiar biología.

Aquí viene una observación que puede ser provechosa para quien quiera hacer lo que yo hice. Y es que una vez que uno tiene las necesidades vitales cubiertas, no pone el mismo interés en las cosas, que cuando las hace para poder comer.

Empecé biológicas matriculándome en las asignaturas que me interesaban y dejando las que tenían al frente verdaderas momias. Había asignaturas con catedráticos magníficos y con catedráticos petardo (entonces la universidad era muy endogámica y creo que lo sigue siendo). Elegí las de los magníficos. Si me acuerdo, hablaré otro día de ese tema. Si no lo hago me lo puedes recordar.

Al tiempo me podía permitir el asistir a seminarios que me interesaban pero que no eran necesarios para obtener la titulación académica; recuerdo un seminario que impartía el Dr. Margalef Sr., de reconocido prestigio internacional en el tema de la ecología. Este seminario me abrió los ojos en distinguir entre el saber saber y el saber transmitir, es decir, entre el conocimiento y la capacidad docente. No sé si hoy, que la universidad es tan cara, se pueden cometer esos excesos de asistencia. Entonces se había total libertad para entrar en cualquier aula.

También me pude permitir el enfrentarme a la institución en el tema de las prácticas de vivisecciones inútiles para aprender cosas innecesarias. Por ejemplo, mientras estudiábamos en la teoría a los protozoos, en las prácticas nos obligaban a abrir ranas vivas. No abrí ninguna, por lo que tuve problemas con la asignatura. No sé si seguirán con ese método pedagógico absurdo y cruento.

También replicaba los profesores con absoluta libertad cuando decían cosas grotescas en temas que conocía, como eran aspectos concretos de biología marina. Podría poner ejemplos, pero me extendería demasiado y ahora no es esa mi intención.

En definitiva, que estuve tres años en la facultad de biológicas aprendiendo lo que me interesaba y dándome un baño general de lo que es la apasionante ciencia biológica. Visto el mercado profesional de entonces, dejó de interesarme la biología como modo de ganarme la vida, que ya me la ganaba, pero la seguí estudiando como base imprescindible de conocimiento.

Luego he visto que mi planteamiento era bueno pues, con pocas excepciones, no he conocido un biólogo feliz ejerciendo su profesión. Sin duda los habrá, pero yo no los he conocido.

Con la economía trabajé como mercenario intelectual en la administración pública y en la empresa privada, lo que me he procurado una vida a veces muy difícil en el día a día, pero a la vez me ha proporcionado recursos para poder acercarme a la naturaleza con mis medios como pequeñas expediciones que he organizado, en las que me he rodeado de biólogos de los que he aprendido de primera mano aspectos concretos que me interesaban; con herpetólogos en las Islas Columbretes, ornitólogos en las Islas Medas o en el Delta del Ebro, con botánicos y geólogos en Granada y Almería…

Si en lo intelectual pusiera en el platillo de una balanza el sacrificio de una buena parte de mi vida, que me ha supuesto dedicar jornadas de trabajo a la economía y en el otro la satisfacción que ha sido aprender sobre el terreno aspectos concretos de la vida silvestre, probablemente pesaría más este segundo aspecto.

He satisfecho con creces mi pasión por la naturaleza sin la servidumbre de estar sujeto a un amo o a un compromiso. Eso no tiene precio.

Pero las secuelas de adquirir esos conocimientos y de disfrutar de completa libertad sin servidumbres han sido terribles, aunque a largo plazo recompensadas.

Porque tener tiempo y ganas de editar este blog de divulgación de aspectos de la naturaleza basados en experiencias propias, por nimias que sean, sin que me condicionen la audiencia ni los algoritmos, es el bálsamo de Fierabrás.

En lo intelectual, todo bien.

Pero los chinos dicen que el mejor trabajo es el que está al lado de tu casa. Y el modo de vida que he contado no está cerca de casa, ni de la familia, lo que supone un distanciamiento de lo afectivo. Pasa siempre que el trabajo tira demasiado.

Si ese trabajo te da rentas y fama, la familia te perdona verte poco.

Pero no he sido un afamado futbolista, ni un avezado y escurridizo político, sino un trabajador dedicado a la cultura en un país en crisis existencial, que ha ofrecido lo que para una prole normal habría sido más que suficiente, pero insuficiente para perfiles exquisitos o que se han hecho expectativas erróneas de su personalidad.

La honradez y los principios son incompatibles con la riqueza y con una sociedad en crisis existencial.


sábado, 5 de abril de 2025

Coral y crustáceo.

Balanus y coral. Mediterráneo.

 

Coral y crustáceo.
Crustáceos y corales. Mediterráneo. 5,2 cm.


Hoy te voy a hacer trabajar. En la imagen que te ofrezco, aparecen primeros planos de corales y bellotas de mar. Se trata de esqueletos de corales y de conchas, o placas, o caparazones de bellotas de mar, todos ejemplares mediterráneos que recogí ya muertos, como siempre hacía y he enseñado a hacer a los que me han seguido.

Pon especial atención cuando leas sobre las bellotas de mar, porque a pesar de su aspecto de moluscos, en realidad están más emparentadas con los cangrejos; por eso he intentado matizar cuando he hablado de las piezas que les protegen.

Volviendo a la fotografía, he de reconocer que probablemente a primera vista no sepas interpretar lo que ves, pero si buscas en internet las palabras cnidario y Balanus, te ayudarán a situarte dentro de la imagen.

Me habría sido fácil colocar una fotografía más general, pero también hubiera sido menos interesante, pues como decía en una de las secciones de portada de la revista Pagurus, de la que te hablo en el blog, lo pequeño es bello... o interesante y con la imagen que te traigo realzo lo pequeño.


Un enlace con la revista Pagurus.


Y aquí otro enlace de un blog que creé para la revista, … pero vuelve, ¿eh?


Sobre Balanus y otras historias.


Sobre Balanus muy ancianos.


Encontrarás más cosas sobre estos temas, si utilizas el buscador del blog.



Posdata a coral y Balanus, a jueves, 10 de abril de 2025.


Mi amigo Manolo me ha regañado.

¿Como pones deberes a tus lectores, y sobre todo, como les pones problemas para resolver?

¿No ves que vas a quedarte más solo que la una?

No sabía que contestarle... es que es un blog para gente inteligente..., le he dicho como primera cosa que me se me ha ocurrido. Manolo ha dado media vuelta y se ha ido a ver unos fósiles que estoy ordenando. Me ha parecido que se reía y decía algo así como cándido. ¿Por qué habrá cambiado de conversación y se habrá puesto a hablar de política?




jueves, 3 de abril de 2025

Tío Juan.

 

A mi tío Juan.


Huerto. Foto: Libre en internet.

No era mi tío.

Pero yo lo había adoptado como tío.

Me dirás ¿no será al revés, que él te había adoptado como sobrino?

No, digo bien. Lo adopté como tío.

Siempre he admirado a las personas capaces de mantener un huerto.

Porque yo lo intenté y a duras penas lo conseguí. Exige perseverancia, trabajo y conocimientos.

Hay pocas personas hoy, que sin ser vital para su vida porque ya la tienen resuelta, tengan esas virtudes necesarias para mantener un huerto.

Pero además era un hombre animoso, siempre sonriente y fiel.

En fin, una buena persona sonriente.

Hay muchas buenas personas, pero sonrientes, menos.

Son virtudes que también admiro y que no consigo alcanzar, porque soy un cascarrabias gruñón: El presidente de la federación donde estaba apuntado para bucear, me llamaba; el hombre serio.

Ni tan siquiera sé si soy una buena persona, pero desde luego no soy sonriente. Ahora menos.

Por eso lo adopté como tío. Porque me atraían sus virtudes y valores.

No había motivo para que él hubiera sentido interés para adoptarme como sobrino.

Pero no desespero. La muerte nos allana a todos y cuando llegue el momento, podré mirarlo de tú a tú, aunque en vida haya habido tanta diferencia.

Hasta pronto tío Juan.



miércoles, 2 de abril de 2025

Tartaruga. Mi casa.

Tartaruga: Salida a varadero.

Tartaruga: Aleta de babor.

Tartaruga: Popa.
Tartaruga: Proa. Foto: Angélica Regidor.


Tartaruga: Interior camarote: Cubierta.

Esta fue mi casa durante un tiempo que aspiraba a que fuera más, olvidando que cuando uno es víctima de sus circunstancias no controla su vida. Y acabé vendiendo mi casa y mi vida. Las dos las liquidé a precio de saldo, sin alternativa ni plan de contingencia. Es decir, quemé las naves.

 Pero eso lo podían hacer Alejandro Magno o Hernán Cortés, que eran gente de valía, no un mindundi como yo, que en esta vida no ha conquistado más que el fracaso o el éxito pírrico de proyectos culturales sin ningún interés para mis contemporáneos.

 Nunca debí dejar la autonomía de la vela y pasarme al motor.

 Pero entendí que una embarcación a motor era de más fácil manejo para una tripulación inexperta, por lo que en caso de emergencia o de causa mayor, no sería necesaria mi presencia. Eso me animó a dar el paso.

 Me equivoqué, pues la tripulación no solo era inexperta, sino desganada e incluso hostil, de manera, que igual final habría tenido quedándome en la vela y me hubiera ahorrado un sinfín de dinero, de quebraderos de cabeza, de disgustos y hoy probablemente seguiría embarcado.

Mi idea al elegir esa embarcación, era recorrer con la familia el Mediterráneo occidental que conocía de navegar a vela, a motor, accediendo a rincones que me quedaron pendientes, pues husmear la costa a vela es demasiado entretenido, pero hacerlo con una embarcación que alcanza los 40 nudos frente a los cinco de una embarcación a vela, es factible y divertido.

 También pensé en los canales de Francia, pero enseguida vi que mi circunstancia hacía eso imposible, aunque la embarcación lo permitía, pues era completamente autónoma y autosuficiente, salvo en el combustible, pero con 400 litros de capacidad en el depósito, daba para mucho más de lo que me planteaba en mi singladura más ambiciosa.

 Pero como estos recuerdos son dolorosos para mí, pues son el principio de la evidencia del fin de mi relación con el mar, no me regodearé en ello y dedicaré la entrada, añadiendo flashes, a la que fue mi casa, que recuerdo desde la celda, en el inicio de mi milla verde.


Tartaruga.


Mi casa por dentro.










martes, 1 de abril de 2025

Almendra opositando a jabuticaba, Plinia cauliflora.

Almendro, Maresme (Barcelona). Foto: Angélica Regidor.

Esta es una almendra normal, de un almendro normal.

Bueno, casi.

Porque cuando la vi con un rabillo tan corto en relación al de las otras almendras, me recordó, mal recordado, al fruto de la jabuticaba, que casi carece de pedúnculo y crece tan cerca del tronco, que diríase se sienta en él.

No es lo mismo, pero esa almendra me pareció que no estaba en su lugar, aunque desde la perspectiva de la fotografía que le tomé, el pedicelo no se vea tan discreto.

Lo tenía por decir y por fin lo he dicho.

Ya puedo borrar la nota del cuaderno.

En Paraguay y América del Sur, hay un árbol que se llama jabuticaba, Plinia cauliflora,

 cuyos frutos parecen asentados sobre el tronco.

Frutos de Jabuticaba, Plinia cauliflora, sobre el tronco, a partir de una imagen de internet.