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viernes, 28 de julio de 2023

¿Por qué no? A lo grande. Cruceros.

 

Crucero.

He pasado de la cabecera, del yate del millón de euros y los delfines, al barquito de vela y el crucero.

Dos extremos.

Se puede elegir, eligiendo.

Yo lo tengo claro.

¿Y tú?

La fotografía no es malintencionada, aunque bien podría serlo porque está sacada en el puerto de Barcelona desde el que fue mi velero, Lidos.

El puerto de Barcelona es uno de los más importantes del Mediterráneo en cuanto al tráfico de cruceros, barcos dedicados al trasiego de turistas.

Barcelona, a pesar de ser una ciudad eminentemente turística, tiene un gobierno comunista que, en contra de los intereses comerciales de la ciudad, es acérrimo enemigo del turismo y le pone todas las trabas legales que puede.

Esto es un sin sentido, pues si se conoce a Barcelona es por su magnífica oferta a los sentidos, ya sea a través del arte, de la gastronomía o del urbanismo, entre otros aspectos.

Si mi blog se viera invadido de visitas como Barcelona, me libraría muy mucho de expulsar a las visitas y haría por contratar a alguien que me ayudara a gestionarlas, pues al fin y al cabo, la sociedad moderna es escaparate.

En mi caso tengo mucho de anacoreta y no me importa no ser destino de cruceros virtuales como Barcelona.

Pero reconozco que halagaría mi ego el serlo.

En ese sentido digo que la foto no es mal intencionada.

Sí es un pequeño brindis al sol, en favor de los cruceros, que, a pesar de ser una forma de viajar un poco especial, en cuanto parece un trasiego de ganado, hay que pensar que los costes y la contaminación se reducen muchísimo y que es una forma muy cómoda de hacer turismo.

Eso aproxima mucho el viaje a las personas de edad y a los disminuidos físicos.

¡Viejos y tullidos!

¡Pero si desde siempre, del dictador alemán, al soviético, los han matado de gratis!

¿A que viene ahora facilitarles que viajen para sacarles el dinero?

¡Qué modernidades!


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