Para que te resulte más coherente la lectura y más directo el
trato, amable lector, a partir de esta entrada voy a relatar el blog en
primera persona, que es lo que debería haber hecho desde el principio, pero
necesitaba un precalentamiento, que en estos años ya he realizado.
Eso sí, seguiré igual con el caos de fechas de los relatos,
pero fío en tu capacidad compositiva para que organices lo que yo no alcanzo. De cualquier forma las entradas tienen vida independiente y
si bien adquieren toda su dimensión con la cronología, ésta no es imperativa
para trasladar el mensaje.
Como buen nativo de Badalona, me crié en la playa, entre el mar y la arena y bajo paños empapados en vinagre, que mi abuelastra me ponía
diariamente sobre espalda y hombros cada inicio de vacaciones, para intentar combatir las quemaduras que me
producía el exceso de insolación sobre mi piel.
Entonces no se comercializaban cremas protectoras, porque la sociedad no era consciente de los efectos a largo plazo de las quemaduras producidas por los rayos ultravioletas.
Era doloroso, pero, París bien
vale una Misa.
Mi primer barco fue la cámara de una rueda trasera de
tractor sobre la que me sentaba utilizando los brazos de remos. ¡Sin chalecos,
bengalas, extintores, rabizas, ni tanta tontería homologada, que pide hoy la
Administración para hacerse a la mar, incluso con un bote de remos! ¡Eso era
aventura, y lo demás son tonterías!
Me
bañaba en la playa todos los días porque no había banderas rojas, ni amarillas
ni verdes que te dictaban lo que debías hacer; en ocasiones, con mar fuerte de
levante, cuando las olas eran enormes, me tiraba bajo ellas al romper, y me
revolcaban como un trapo rozándome con la arena. Al salir me veía todo el
costado ensangrentado por gotas de sangre que fluían por los poros abierto, a
las que el agua les daba un aspecto que no respondía a la realidad; en cuanto
me secaba ni rastro de herida ni de dolor.
Hoy no se utilizan cámaras de ruedas de tractor porque ya no hay tractores.
A la cámara de tractor siguió el alquiler ocasional de un
patín a remo... y luego ya vino la locura de la navegación y sus secuelas, que ya has ido intuyendo
con las historias que hasta ahora te vengo contando.
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