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| Granates almandinos en matriz. Almería. |
Hoy, te los traigo en matriz característica del volcán en el que se encuentran, yacimiento muy explotado comercialmente, que visité hace varias décadas, cuando todavía podías encontrar sorpresas.
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| Granates almandinos en matriz. Almería. |
Hoy, te los traigo en matriz característica del volcán en el que se encuentran, yacimiento muy explotado comercialmente, que visité hace varias décadas, cuando todavía podías encontrar sorpresas.
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| Yeso fibroso, en matriz de marga. Zaragoza. Los Monegros. |
En la imagen, pequeña muestra de yeso fibroso entre margas. Procede de los Monegros Zaragoza. CV 31.
En la sala cardenal Carles del museo Geológico del
Seminario de Barcelona, tenía expuestas muestras de yeso fibroso de Jun (Granada),
que me regaló un geólogo granadino, excelente geólogo y mejor persona, una de
ellas de alrededor de cuarenta centímetros.
El tamaño de las muestras de mi colección se fue
reduciendo a medida que aumentaba la colección y disminuía el espacio para
exponerla.
Llegó un momento en que tenía decenas de muestras
con cristales excepcionalmente formados, que no sobrepasaban el tamaño de
cuatro por cuatro centímetros.
Mucha cultura en muy poco espacio.
Esta colección, también fue fruto de expolio en
Almería, junto con el museo.
Más se perdió en Cuba. Consuelo de los
desconsolados, impotentes frente a lo irremediable.
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| Hormiguero. Como un blog, puede tener de unas pocas, millones de visitas. Foto: AR. |
Ya no es un meoncete.
Ya sabe ir en bicicleta sin los ruedines.
Claro que no es de los preferidos por los algoritmos,
porque es independiente.
Sin ellos quizá podría tener más visitas.
O menos.
¿Qué son los algoritmos?
Son esas fórmulas de inteligencia artificial que
utiliza Internet, para aclararse entre todo lo que se sube a la red.
Es artificial, pero no es inteligencia.
Sí son unas buenas cabezas de turco, para que todos
los que no tienen o tenemos el éxito que esperábamos, podamos echarles la culpa
de nuestro supuesto fracaso.
Sé cuándo escribo cosas, ya sean de contenido
político o religioso, que no están bien vistas por los algoritmos y por la
mayoría de los visitantes potenciales.
Porque los algoritmos son una guía y en consecuencia
un reflejo, de lo que piensan los lectores.
Los algoritmos hacen su trabajo y yo hago el mío,
que es decir lo que pienso y asumir las consecuencias de despacharme a gusto.
Ha de haber algún sistema de control en la red y el
algoritmo, del que todos nos quejamos, no es el mejor, pero es uno y no es
malo.
Es la voz de su amo.
No podía ser otra cosa.
Sin duda podía ser mejor, menos voz de su amo.
Pero Internet no es una ONG.
Sí, nuestras mentes están controladas y dirigidas, en función inversa a su grado de madurez.
¿Alguien podría pensar, que toda la libertad que
supone Internet, es de gratis?
¡Menos lobos caperucita!
Los algoritmos son unos incordios y por eso me quejo
y nos quejamos todos de ellos.
Pero son unos incordios que nos ayudan a convivir,
haciendo de la red algo transitable.
Dentro de lo que cabe.
Me sorprende haber alcanzado este número de visitas,
que son fruto de mi constancia patológica en el trabajo y de la benevolencia de los visitantes y de los algoritmos.
Porque dedico a esta ocupación tiempos sueltos.
Muchos tiempos sueltos, que suman un pico.
Hago lo mismo con el estudio, la lectura, ...
Por lo que, aunque tenga tiempos sueltos, no tengo
tiempos muertos.
A veces creo que los necesitaría.
Aunque me queje con la boca chica, me traen al
fresco los algoritmos, las visitas, los seguidores potenciales, a los que no
les doy ni la opción de apuntarse.
El blog no lo lee ni mi familia, que está en sus
asuntos, ni mis amigos, que no tengo, ni mis conocidos, que tampoco tengo
porque soy invisible.
Por eso muchas veces me pregunto; ¿quién diantre lee
este blog?
Leerlo, no se quien lo lee.
Visitarlo, lo han visitado, hasta la fecha, un
poquito más de noventa mil almas.
A lo mejor todo es cosa de los algoritmos y no lo
lee nadie.
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| Almendra atacada, probablemente por un insecto. |
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| Almendra atacada, probablemente por un insecto. |
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| Almendra atacada, probablemente por un insecto. |
Con este título quiero ilustrar la impresión que me
causó el ver unas almendras que mostraban signos externos de haber sido
atacadas por insectos.
Las cáscaras se veían perforadas y junto a cada
orificio se veían gotas de resina que probablemente había segregado la almendra
para protegerse.
Visto esto, me entretuve en sacar la primera cáscara
carnosa y luego en abrir la segunda cáscara leñosa.
La cáscara exterior verde no vi que estuviera completamente atrasada por los orificios de entrada y en la cáscara leñosa no vi ninguna muestra de ataque.
Podía haber continuado para identificar al animal que hizo esto y el porcentaje de éxitos que tubo, pero no era mi intención.
Sólo quería ver hasta qué punto eran eficaces esas barreras de defensa de la almendra.
No he sido muy prolijo en imágenes porque no quiero
que esta entrada se parezca a una morgue.
Entrada
dedicada a los compañeros de viaje a Egipto, aunque no tengo cierto, que este artefacto lo viéramos en esa excursión.
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| Sítula o caldero. Foto: Antonio Asensi. |
Sítula, caldero pequeño con asa, que servía, probablemente en este caso, para sacar
agua de una tinaja.
Esta perteneció a un sacerdote llamado Hor. (Tebas, Egipto. Aprox. 300 a. C.).
Se utilizadas para las libaciones a los dioses y los
difuntos.
Sirvió a varios dioses, incluidos Amón, Mut y Khonsu.
Se le muestra sentado con su esposa Keretj, mientras
su hijo ofrece agua e incienso a la pareja.
La base de la vasija está decorada con una flor de
loto, que simboliza el renacimiento.
Este elemento, del ajuar religioso egipcio, es el cubo de toda la vida o el bidón de plástico con la tapa recortada y con un asa de alambre. En versión faraónica.
Verdaderamente desconcierta y deslumbra.
Y admira, el sentido de la trascendencia de esa
civilización.
Encontraréis con facilidad este caldero en internet, con más detalle de su origen.
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| Estatuillas domésticas. Foto: Antonio Asensi. |
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| Estatuillas domésticas. Foto: Antonio Asensi. |
Algunos dicen, que los faraones egipcios se hacían enterrar con sus sirvientes, vivos.
Y así parece que fue durante las primeras dinastías.
Pero luego, se sustituyeron las personas por
figuritas que simbolizaban a los criados.
Una vez que el faraón o el insigne, había alcanzado
el más allá, estas figuritas tomaban vida y le servían.
Hay mucho bulo macabro en torno a la vida de los
faraones, que no cuadran en absoluto con el concepto de la vida y de la muerte
que tenían.
Lo mismo ocurre con los constructores de las
pirámides que se achaca a esclavos, que realizaban trabajos forzados.
Por el contrario, esos trabajadores eran personas
más o menos cualificadas en su oficio, que tenían consideración social.
Sin fe en el proyecto, los actores no habrían sido
más que marionetas que no hubieran podido alcanzar las altas metas que se
habían propuesto.
Ni servidores enterrados vivos ni esclavos
construyendo pirámides.
Apunta esta entrada en el apartado de etología
humana. Pues me baso más, en el comportamiento del hombre, que en el dictado de
la historia.