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Nuez con inquilino. |
Hoy es Domingo de Ramos. No te catequizo,
te culturizo.
Dispersos por el blog narro numerosos
detalles de mi vida, actividades profesionales y otras.
Ya he escrito por algún rincón, que uno de
los objetos del blog es autobiográfico.
Por eso hablo de mí y de mis circunstancias.
No me cabe duda de que el blog me sobrevivirá.
Y cuando falte, quizás alguno de mis deudos se preguntará cosas que me me hubiera querido preguntar, pero ya no estaré para responderlas. Tendrá la opción
de recurrir al blog.
Me pasa con mi padre y con mi abuelo, que
no escribieron nada y no supe preguntarles, cuando convivíamos, cosas que hoy
desearía saber.
Y eso me fastidia mucho.
Todos deberíamos escribir pensando en
los que nos sobrevivan, porque todos tenemos algo que decir que puede ayudar a
otros.
En mi época todavía existía la tradición oral
y eso me ha ayudado mucho.
Pero hoy la incomunicación es el cáncer de
la sociedad, que mina también a la familia, que es dónde se transmite la historia doméstica.
Todos tenemos un gran hombre escondido en
nuestra alma y escribir es una forma de buscarlo.
Por eso hablo de mí, aunque todavía no haya sabido encontrar ese gran hombre.
Hablo de cosas en general buenas, pues
las malas ya las improvisan y agrandan los que me rodean, que así es la naturaleza humana.
No pretendo parecerme a un taxidermista
que conocí, que hablaba de él con un énfasis que daba vergüenza ajena, a pesar
de que todo lo que decía era verdad.
Intento escribir sobre mi vida buscando el
equilibrio entre la modestia (ciñéndome a los hechos sin valorarlos) y la
verdad (con el mayor rigor que me permite mi memoria).
No me cuesta hacerlo, pues soy
patológicamente modesto y quizás incluso incurro en un complejo de inferioridad,
lo que sumado a un Asperger no diagnosticado, le quita mérito.
Hablar de mi como si fuera de otro, me resulta
también sencillo, pues creo que disocio demasiado perfectamente mi
personalidad.
En unas pocas líneas creo que me he
definido como un buen prototipo de loco. No de loco de atar, pero sí de alguien
algo rarito.
Recuerdo a un muy prestigioso psiquiatra barcelonés, que conocí con motivo de un evento muy concreto. Después de charlar un rato, me dijo: es usted un caso interesante para estudiar.
Le pregunté,
¿pagando usted o pagando yo? Pagando
usted, naturalmente, me contestó. Pues entonces no va a tener ocasión de
estudiar el caso, le dije. Y ahí acabó mi relación con la psiquiatría.
Con esto quiero resumirte mi voluntad de
explicarte cosas de mi vida.
Falta explicarte la intención de hacerlo.
Con el alejamiento de los hechos, soy
consciente de que algunas cosas de las que te cuento, suenan a mucho.
Por eso lo acompaño con parte de la
documentación que guardo al respecto.
Toda sería locura aportarla. Además de muy
aburrido. Visto todo junto, desfigura mi verdadera personalidad, que tan mal he resumido
en las primeras líneas.
Efectivamente he hecho lo que digo y
mucho más que no digo. Casi todo para bien.
Es mucho para mi limitada persona.
Pero a pesar de ello, sólo soy un producto mediocre de
la sociedad en la que vivo.
Además, lo he hecho todo sin ganas, como
mercenario de mi cerebro.
Sin ilusión y sin ambición.
Por eso, una vez he triunfado en cada
proyecto, lo he abandonado en pleno éxito, porque me aburre la monotonía y la falta
de tensión que supone la meta lograda.
Luego, estos proyectos abandonados los han
intentado continuar las hienas del sistema, personas politizadas, con muchos recursos pero sin ideas,
con lo que los han malogrado.
Soy esencialmente un espíritu creativo.
Un artista fuera de corriente.
Un bohemio de la cultura, un eremita
condenado a convivir.
Un luchador demasiado empático con el enemigo.
Un entrañable amigo del descartado, hasta que habla y descubre que no
está donde quiere, sino donde puede.
Esa mi personalidad, es buena para los
carroñeros, pero mala para mí.
Con todo lo que puedas leer en este blog,
te harás, inevitablemente, una idea equivocada de mí.
No soy nadie, ni quiero ser nadie.
Porque ser alguien me aburre. Ya lo he
sido y no me ha llenado.
Mi padre, con amor de padre, me lo dijo.
No eres nadie.
Mi hijo José María, con desprecio de hijo, me lo
dijo, No eres nadie.
Sólo mi amigo me conoce: José María,
eres un superviviente, me dijo un día cuando lo vi después de salir de mi
enésimo paseo por el filo de la vida.
Mi amigo no sabía, que mi último
comentario había sido referido a él.
Creo que acertó, no soy nada, pero sí soy algo. Un superviviente.
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