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| Celebrity Edge con el Magic Carpet a ras de agua. |
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| Santorini. |
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| Santorini. |
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| Las siete curvas desde el barco. |
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| Las siete curvas, desde el puerto. |
Amanece el día veinticinco y vemos salir el sol por detrás de Santorini.
Hoy nos toca visitar Fira, capital de la isla.
Durante toda la mañana navegamos a contraluz del volcán y a medida que el sol va subiendo, vamos apreciando la costa acantilada del cono volcánico que sobrevivió a la gran erupción minoica.
No me gusta lo que veo, no porque no sea bonito, si no porque es una pared acantilada de unos cientos de metros y para llegar a Fira tenemos que salvarla en autocar en teleférico, andando o en burro.
No me apetece ninguna de las alternativas.
Con el sol ya alto, veo claramente lo que me espera y dejo el barco para iniciar la aventura.
Al final, las circunstancias me llevan al autocar, que entiendo es la mejor forma de no perder el grupo, pues el barco lo tiene muy claro y se va a la hora que le toca, sin esperar a nadie y no hay alternativa razonable para cogerlo en la siguiente parada.
Si la cosa estuviera clara podría jugar con alternativas, pero el volcán es muy alto, confuso y no he estudiado el camino de antemano. En cristiano popular, me encuentro más despistado que un pulpo en un garaje.
Cuando el Sol está en el Zenit y se ve claro el camino por la ladera del cono, decido que este día me quedo en el barco: la carretera empieza por un tramo que le llaman las siete curvas, que es como un vídeo de YouTube, de esos que te quieren hacer coger miedo con carreteras.
El que haya un buen número de autocares me anima por aquello de que mal de muchos, consuelo de tontos.
Por fin decido a subir en autocar.
A poco de iniciar la subida, entro en pánico.
Mediando las siete curvas, veo que me he equivocado en elegir el autocar, pues en muchos trayectos la carretera va en voladizo y no tengo claro que cenizas volcánicas y piedra pómez pueden soportar un autocar.
Pero sale mi vena naturalista.
La roca volcánica tiene una dureza de entre dos y seis de la escala de Mohs, lo que no es poco.
Una carretera se considera de solvente, cuando la dureza de su firme es de siete en la escala de Mohs.
Es decir en principio los voladizos sobre los que vamos son sobradamente sólidos, salvo que al construir la carretera alguien haya querido apurar demasiado, lo que no es razonable pues para ahorrar costes, cuanto más roca hayan dejado, mejor.
En definitiva que paso miedo irracional pero me consuela la racionalidad de los datos.
Cuando llego arriba respiro relativamente aliviado.
Relativamente porque los dos últimos movimientos sísmicos de una cierta importancia, han sido, el primero, estando yo ya en este mundo y el último en 2025, hace poco y menos que estando casi con los pies en Santorini.
Con todo, veo lo que hay que ver porque la pela es la pela y un catalán de pro no puede tirar el dinero.
Además pienso en la vuelta, lo que ya no tiene solución, salvo que me vuelva a pie andando por una escalera con cerca de seiscientos escalones.
Sin embargo, hasta que no estoy a distancia segura de erupción y temblores, no respiro tranquilo.
¡Y todo por culturizarme un poco! Qué listos son los tontos!
Más sobre Santorini en este blog.





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